domingo, 21 de septiembre de 2008

ARTE HUMANISMO Y MASONERIA

SANZIO, Rafael —LA ESCUELA DE ATENAS
Fresco —5.00 X 7.70 mts. —1510
Museo Vaticano. Roma - Italia


Por: Eduardo Patricio Díaz Silva
patovitreaux@hotmail.com

La Francmasonería bien puede definirse como una escuela fraternal que busca el perfeccionamiento del hombre y descansa sobre una doctrina humanista. Entendiendo por doctrina humanista una concepción que visualiza al hombre como un ser integral, dotado de múltiples facetas, vinculado a su entorno y su tiempo, pero con la ambición de perfeccionarse y trascender.

Dentro del lenguaje masónico la perfección del hombre se simboliza con una piedra cúbica, perfecta. Perfecta por sus facetas regulares y limpias y, apta para servir de base a otras muchas piedras de similares características, que en conjunto sirven para conformar un muro y a la postre dar materialidad a un templo, un templo tan perfecto como cada una de sus piedras. Este templo es la sociedad misma, la cual alcanza su perfección sobre la base de algunos valores universales tales como la: libertad, igualdad y fraternidad, entre otros que en conjunto apuntan a la dignificación del hombre. Es decir es un orden social que sitúa al hombre como centro de todo y, es en este sentido un modelo humanista.

Los masones medievales eran aquellos trabajadores que formaban parte de gremios de constructores, particularmente dedicados a la edificación de construcciones eclesiásticas en diversos lugares de Europa y es por ello, por las particularidades del oficio que van a identificar los valores de la perfección con las herramientas o instrumentos propios del trabajo constructivo: compás, escuadras, reglas, niveles, plomadas y otros, todos ellos, elementos que permiten ejecutar en forma exacta la evaluación de alguna medida y, que se relacionan íntimamente con el número y en consecuencia con la ciencia de la geometría. Con esta simple inferencia podemos decir que la noción de perfección que se desprende de la simbología masónica se basa fundamentalmente en una idea racionalista de la perfección. Y parece ser la geometría, la ciencia que mejor nos conduce a la perfección, al menos a la perfección de las formas en el mundo material. Las más grandes y admiradas obras de la arquitectura universal son producto de elaboradísimos planos geométricos. Así mismo lo podemos constatar en las grandes obras pictóricas e incluso en la música.

A la luz de estos elementos se podría decir que la masonería, con base en su antigua tradición de constructor y a lo que nos sugieren sus elementos simbólicos, es una enseñanza que busca potenciar y promover los valores que relacionan la perfección con la racionalidad.

Es en efecto la razón, así como se creyó tan firmemente en los tiempos del ILUMINISMO, el centro de atención, la piedra bruta que debe ser devastada hasta que alcance las formas y medidas perfectas de la piedra cúbica y pueda así servir y formar parte de un edificio monumental.

En las distintas épocas de la historia, no siempre se ha creído o se ha tenido a la cualidad de la razón como el elemento central que defina al hombre, no siempre hemos creído que el hombre sea por definición un ser racional. Pero si que ha habido momentos en los cuales esta idea, esta visión ha sido predominante y se ha convertido en una especie de ideología de estado. Así como en la época medieval predominó una visión centrada en la religiosidad temerosa de Dios, en una visión mágico religiosa, o visión Teocéntrica, también la época del renacimiento pudo identificarse por el contrario como una visión que buscó situar la racionalidad como piedra angular de su cultura, estableciendo lo que se ha denominado como una visión antropocéntrica que bien podemos catalogar de Humanista.

En las expresiones de arte más monumental de los grandes maestros renacentistas es posible visualizar el concepto de que la belleza es el fruto de la justa medida, es el fruto de perfección racional.

Algunos rasgos del Humanismo

Algunos rasgos del humanismo son: El antropocentrismo, es la visión que sitúa al hombre como el centro de toda preocupación. Esto implica valorar la personalidad, tanto en su genio como en su vanidad. Ya no se desprecia ni la fama en este mundo, ni el dinero así como tampoco el goce sensual y los placeres mundanos.

Así como en el tiempo medieval, se ocultaba la identidad del artista, en el renacimiento en cambio, se estima como legítimo el deseo de fama, gloria, fortuna y poder. El célebre tratado de teoría política escrito por Nicolás Maquiavelo sostiene esta idea precisamente.

El comercio y la acumulación de riqueza ya no son consideradas un pecado. La doctrina del Calvinismo va a decir que el dinero es una señal de bendición divina y con base en esta idea surge más tarde el Capitalismo.

También en obras como el Decamerón escrita por Giovanni Bocaccio se asienta una doctrina pacifista que se plantea contraria a las guerras.

Se empieza a insinuar la idea de que el poder religioso debe ser separado del poder político.

En el ámbito intelectual, se redescubre y glorifica la antigua cultura griega en desmedro de la cultura medieval. En las expresiones del arte comienzan a re aparecer las fórmulas y los temas del gran arte Griego. Tanto la mitología, como el ideal de belleza Helénica se ponen de moda nuevamente.

El valor de la idealización -rescatada de la filosofía Platónica- se aplica tanto en las obras de arte como en la vida cortesana y, así aparece la noción del “Amor Platónico”.

El arte humanista toma lo popular y lo transforma en algo estilizado e idealizado, de la misma manera la novela pastoril recrea la vida campestre desprovista de las preocupaciones mundanas y, centrada en el amor ideal.

El humanismo cambia el interés de lo espiritual y trascendente por una verdadera glorificación de la naturaleza, abordando su exploración, tanto desde el arte como desde la observación científica. Esta síntesis se reconoce en su plenitud en todos los trabajos de Leonardo Da Vinci; hay en sus dibujos, tanto el interés de describir la naturaleza, como de representarla en forma artística.

Se impone en la sociedad burguesa un cierto optimismo frente al pesimismo y fatalismo medieval.

Se inicia un culto a la belleza y, a los encantos de la mujer, que contrasta con la misoginia medieval. Esto se puede ver en la aparición del desnudo femenino, un ejemplo es la obra “El Nacimiento de Venus” de Botticelli.


El Hombre de Vitrubio

El dibujo conocido como “el Hombre de Vitrubio”, se basa en los estudios que compartió Leonardo da Vinci con su amigo el monje franciscano Luca Pacioli, sobre la proporción áurea.

Vitrubio estableció una afinidad entre el hombre y las figuras geométricas, al descubrir que el hombre de pie con los brazos extendidos puede inscribirse en un cuadrado, si separa las piernas puede inscribirse dentro de un circulo, que tiene como centro el ombligo.

Este es precisamente el esquema que aquí vemos en el dibujo de Leonardo. La simetría consiste en el acuerdo de medidas entre los diversos elementos de la obra y estos con el conjunto, ideó una fórmula matemática, para la división del espacio dentro de un dibujo, conocida como la sección áurea y, se basaba en una proporción dada entre los lados más largos y los más cortos de un rectángulo.

Dicha simetría está regida por un módulo o canon común: que es el número.


La Escuela de Atenas

En esta monumental pintura, los gestos, las expresiones y los movimientos de las figuras están interpretados con total maestría, creando un conjunto dotado de gracia y vitalidad. Los colores son muy variados, utilizando brillantes tonalidades con los que refuerza la personalidad de las figuras y la variedad y monumentalidad del conjunto.

Las figuras se sitúan al interior del templo, en distintos niveles dado por las gradas, que abren la perspectiva para dar jerarquía espacial a las figuras centrales de los dos grandes filósofos clásicos: Platón, levantando el dedo y sosteniendo su libro el ”Timeo”, y Aristóteles, tendiendo su brazo hacia adelante con la palma de la mano vuelta hacia el suelo, y sosteniendo con su otra mano la ”Etica”.

Con ellos se hace representación de las dos doctrinas filosóficas más importantes del mundo griego: el idealismo y el realismo. Ambos personajes dialogan y avanzan ante un grupo de figuras que forman un pasillo.

A la izquierda encontramos a Sócrates conversando con un grupo de jóvenes; en primer plano aparece Zenón con un libro que sostiene un niño mientras lee Epicúreo; sobre la escalinata y apoyado en una piedra cúbica, se sitúa Heráclito, representado aquí, con los rasgos fisonómicos de Miguel Ángel; posiblemente Rafael, quiso hacerle un homenaje por la decoración de la capilla Sixtina; el extravagante filósofo Diógenes Laercio, aparece aquí, echado sobre las escaleras; a la derecha Euclides junto a sus discípulos realizando con un compás un trazado en la plancha; Zoroastro y Tolomeo con la esfera celeste y el globo terráqueo respectivamente.

En estas figuras se ha querido ver la representación de las disciplinas que componían el ”Trívium” y ”Quadrívium”
Los diferentes grupos de personajes se ubican de manera simétrica, dejando el espacio central vacío para contemplar mejor a los protagonistas, recortados ante un fondo celeste e iluminados por un potente foco de luz que resalta la monumentalidad de la construcción.

En las paredes del templo se aprecian las estatuas de Apolo y Minerva (dioses de la sabiduría). Las bóvedas y los espacios abiertos dominan el edificio, creando un singular efecto de perspectiva.

El humanismo laico, glorificado en la obra de los artistas del Renacimiento, fue contrarrestado por el movimiento del arte barroco, que volvió a situar los temas de la fe y la revelación como temática central.

El barroco fue la ideología contrapuesta al humanismo. Y más tarde, ya hacia el siglo XVIII -como producto de un nuevo momento de la historia del pensamiento-nace un Humanismo Iluminista que va a ser precursor de la Revolución Francesa y, en el arte será precursor del Clasicismo.
Un movimiento artístico donde nuevamente se reinstala la racionalidad y la mirada científica en contraste con el dogmatismo de la fe.

En el espíritu y contexto del ILUMINISMO logra tener gran auge la Francmasonería.


La Escuela de Atenas
Esta obra maestra, es en su conjunto, el más grandioso homenaje pictórico tributado al humanismo y a la sabiduría de la antigua Grecia.

Rafael Sanzio

En 1509 el artista florentino Rafael Sanzio, uno de los más destacados del renacimiento, fue comisionado para pintar en uno de los muros del Palacio Vaticano, un gran mural al fresco con el tema “La Escuela de Atenas”. Esta obra maestra, es en su conjunto, el más grandioso homenaje pictórico tributado al humanismo y a la sabiduría de la antigua Grecia. En su composición aparecen representados una treintena de sabios de la antigüedad, entre los que se destacan: Platón, Aristóteles, Sócrates, Heráclito, Zenón, Epicuro, Pitágoras, Euclides, Zoroastro, Tolomeo, Diógenes, Averroe, y otros. Este conjunto de personajes se ven manteniendo animadas conversaciones intelectuales en el interior de un magnífico templo, el templo supuesto de la Escuela de Atenas. Como figura central de la composición, aparecen Platón y Aristóteles discutiendo sus posiciones y portando sendos libros de su saber filosófico.

La obra por su temática y simbolismo, representa magníficamente el ideal masónico en los valores del humanismo y la disciplina intelectual.


EDUARDO PATRICIO DÍAZ SILVA

Nace el 18 de abril de 1967 en Santiago de Chile.
Docente. Especializado en Historia del Arte y Patrimonio Cultural; Licenciado en Estética; Gestor Cultural.
Universidad Católica de Chile y Universidad de Chile.
Maestro de la Logia Manuel Blanco Encalada Nº 84 Valle de Santiago de Chile. Chile

D´ VINCI, Leonardo —AUTORRETRATO —Sanguina —0.33 X 0.21 mts. —1513CA —Biblioteca Real de Turín Italia