domingo, 21 de septiembre de 2008

MASONERIA Y POLITICA


MEJIA, Yairo - SIN TITULO
Dibujo sobre Papel
0.70 X 1.00 mts. - 1980

Por FELIPE ROYET GONZALEZ *

Aristóteles, de quien afirma la mayor parte de los estudiosos que fue el auténtico precursor de la ciencia política, decía que la política no era un estudio de los estados ideales en forma abstracta, sino más bien un examen del modo en que los ideales, las leyes, las costumbres y propiedades se interrelacionan en los casos reales.

Hoy se considera que la ciencia política forma parte de las denominadas ciencias sociales, también integradas, entre otras, por la economía, la antropología, la historia, la psicología y la sociología.

Hay quienes piensan que la ciencia política ocupa un lugar preponderante, porque las cuestiones individuales y colectivas que estudian otras ciencias sociales siempre tienen lugar en el marco de la política como manifestación de una creencia personal, como actividad profesional y como ejercicio de autoridad.

Otros opinan que la ciencia política está al servicio de las restantes ciencias sociales porque depende de sus conceptos, métodos y análisis.

La ciencia política o politología, es la disciplina científica cuyo objetivo es el estudio sistemático del gobierno en su sentido más amplio. Sus análisis cubren el estudio y tipología de los regímenes políticos, sus estructuras, sus funciones e instituciones, las formas en que los gobiernos identifican y resuelven problemas socioeconómicos y las interacciones entre grupos e individuos decisivos en el establecimiento, mantenimiento y cambio de los gobiernos. En el estudio de la ciencia política nos encontramos con una subdivisión denominada teoría política, que se ha ocupado de las ideas expuestas por los filósofos políticos, no sólo acerca del funcionamiento de la política sino cómo debería funcionar.

Esos filósofos han analizado la naturaleza y la justificación de la autoridad y el deber político y de sus fines. El término viene siendo usado también refiriéndose a las generalizaciones descriptivas, explicativas o predicativas del comportamiento político, sin tener en cuenta su moralidad.

Los masones desde su aparición en la historia constituyeron una agrupación de seres pensantes, cuyo origen más probable se puede establecer, sin temor a caer en especulaciones teóricas, en la organización de los gremios de constructores de la edad media, que trabajaban la piedra para construir castillos de los reyes y de los nobles de quienes obtenían daban permiso de “castillar”, vale decir, de erigir castillos que eran de piedra. Igualmente construían las catedrales, las abadías y las parroquias.

De modo que los únicos clientes de los masones eran los reyes, los señores feudales y la Iglesia. En ocasiones también construían con piedras algún puente importante.

Pero con el correr de los tiempos, los masones evolucionaron hacia formas más especulativas del pensamiento y constituyeron organizaciones en la primera mitad del siglo XVIII en Inglaterra y Francia que denominaron Grandes Logias o Grandes Orientes, que aglutinaban varias logias bajo su obediencia.

Se afirma que los masones dejaron sus seculares actividades operativas reemplazándolas por las de orden especulativo**, acontecimiento que coincidió con la aparición de las reformas que la humanidad experimentó a fines del siglo XVII.

En sus rituales se predispone al neófito para que pueda entregarse al estudio de las maravillas del universo, de la filosofía y de la historia; se le enseña a investigar el origen y las causas de todos los fenómenos de la naturaleza y a concebir todo lo que la sociedad humana puede obtener de la asociación masónica para su bienestar por medio de la práctica inteligente del trabajo, de la ciencia y de la virtud.

Por esas calendas se vislumbra el surgimiento de otras instituciones que posteriormente pasaron a denominarse “partidos políticos”, que antes se conocían como facciones que dividían a las repúblicas antiguas, o como los clanes que se agrupaban alrededor de un condotiero en la Italia del Renacimiento, o los clubes donde se reunían los diputados de las asambleas revolucionarias, o los comités que preparaban las elecciones censatarias de las monarquías constitucionales, o las vastas organizaciones populares que enmarcan a la opinión pública en las democracias modernas.

Es muy probable que los masones no fueron ajenos a la evolución política de los gremios de la edad media y de seguro desempeñaron algún papel de importancia en la lucha de los burgueses contra las Cortes y Consejos, declarándose partidarios del poder absoluto del rey, mientras los señores feudales, en nombre de la libertad, defendían la representación por clases y los derechos de la persona (si bien la libertad que defendían era sólo la suya propia, pues para ellos el pueblo no tenía otra misión que obedecer), y más tarde, de las ideas naturalistas y constitucionalistas de Juan Bodino, que Locke y Grocio aportaron a sus sistemas de orientación liberal, cuando el absolutismo se hizo insostenible.

Se afirma que, en cierta forma, la masonería fue uno de los vehículos de las nuevas ideas que anhelaban las conciencias sojuzgadas por el absolutismo real.

Los masones de esa época denunciaban el concepto ancestral de que la especie humana estaba distribuida a semejanza de “una pirámide cuya base está constituida por los siervos, colocados bajo la potestad de un señor feudal quien, a su vez, tenía sobre sí los príncipes y más arriba a los reyes, y éstos a su turno, se hallaban bajo el dominio de los emperadores y, por último, en la cúspide, se encontraba el papa, supremo legislador, sucesor de San Pedro y Representante de Dios en la tierra”.

Esto explica la excomunión contra la masonería que con la bula IN EMINENTI expidió el papa Clemente XII, temeroso del contenido de libertad confesional que predicaba la Orden y que amenazaba la eficacia de uno de los sacramentos de la Iglesia Católica.

Los enciclopedistas franceses atacaban frontalmente esa pirámide, que era causa de la explotación del pueblo por la clerecía y la nobleza y algunos fueron formados en las logias masónicas, como Montesquieu, Helvecio, Lalande, Condorcet, D´Alambert, que tenían como centro de reunión la logia parisiense “Les Neuf Soeurs”, en la que fue iniciado, ya anciano, Voltaire.

La masonería parece haber participado en la génesis del Partido Radical en Francia y de diversos partidos en Europa. En Bélgica, su intervención es muy clara: el Gran Maestro de la masonería belga, Defacqz, había fundado en 1841 una asociación política, L’Aliance, que dio origen a sociedades locales a través del país.

En 1846, L’Aliance convocó a un Congreso de todas esas sociedades provinciales en el Hótel de Ville de Bruselas; reunió a 320 delegados. El congreso, presidido por Defacqz, decidió el establecimiento de asociaciones liberales permanentes en los cantones.

En América los masones concibieron la idea de encauzar los trabajos para la independencia de las colonias inglesas y españolas al amparo de la masonería y la historia registra en Norteamérica a Washington y Franklin, por un lado encabezaron el movimiento en los dominios ingleses de Norteamérica y, por el otro, a Hidalgo y Juárez en México, entre muchos otros; en Centroamérica a Morazán, Escalante, Saravia, Cabañas y Sandino; en Suramérica a Miranda, Bolívar, Santander, San Martín, O´Higgins, entre muchos otros; en la islas del Caribe, Martí entre otros.

Algunos confunden la masonería con las sociedades secretas, pero es necesario advertir que éstas y las agrupaciones clandestinas actúan de esa manera porque sufren una prohibición legal. Cuando ésta desaparece, las agrupaciones clandestinas tienden a transformarse en partidos políticos. Por eso la definición de sociedad secreta no incluye a la masonería, pues ésta, propiamente hablando, es una agrupación discreta.

Nos identificamos con el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Venerable Hermano Juan José Oyarzún, a quien le hemos leído que la masonería no actúa en forma corporativa, actúa siempre por medio de sus miembros, que cada masón, gracias a los estudios y los debates que se hacen en las logias, se forma un cuadro crítico de todos los problemas y emite su opinión personal.

De modo que el actuar en política no es sólo el ejercicio de un derecho del masón como ciudadano sino un deber de éste para con su pueblo, entendiéndose el vocablo “política” en su más alto sentido ético. El ejercicio de cualquier actividad en la vida social implica “hacer política”, porque la política no puede ser un efecto pasivo de la economía, vale decir, que si se trata de la vigilancia sobre la gestión de los gobernantes en los asuntos del Estado, eso es hacer política; si participamos en las elecciones para la escogencia de los gobernantes que han de conducir las riendas del Estado, estamos haciendo política; se hace política en la cátedra, transmitiendo nuestro ideario; en la participación de la contratación pública (como contratistas) realizando las obras de manera óptima; se hace política combatiendo la corrupción administrativa, pero, igualmente, decimos los masones, de esa forma se hace masonería. Parecería que masonería y política fueran términos afines. ¿Usted qué piensa, Hermano?



** “La expresión “especulativos” se impondrá en las primeras décadas del siglo XVIII para indicar a los “no operarios” que se adherían a las logias por razones esotéricas y filosóficas con un empeño cultural y distinguirlos de los “aceptados” movidos por simples motivos sociales o de curiosidad” The Origins of Freemasonry: Scotland´s Century 1590-1710, David Stevenson

HERNANDEZ, Clemencia - SIN TITULO - Oleo sobre tela - 1.50 x 0.49 mts. - 2007


* Gran Maestro de la Muy Respetable Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Barranquilla