domingo, 21 de septiembre de 2008

EDITORIAL

Los acontecimientos sucedidos entre Ecuador, Venezuela, Nicaragua y Colombia a comienzos del año 2008, polarizaron nuestros pueblos, al punto de despertar un mal llamado nacionalismo, apasionado y malsano, que nada bueno deja a sus actores y, que por lo contrario revive el síndrome de Caín y Abel entre quienes directa o indirectamente resultan afectados.


Aristóteles definió la libertad como la ”autodeterminación incondicionada”, para él, en el hombre reside el origen y la causa de sus propios actos. Dicho postulado nos lleva a pensar si estamos conscientes de, “qué es libertad”. El pensamiento filosófico moderno sigue la línea fundamental de que "la libertad es la posibilidad de selección condicionada a un conjunto determinado de motivaciones y orientada a un campo determinado de objetos”. En este orden de ideas, en una nación democrática como la nuestra, en la que la libertad es la base de su estructura política, podemos asumir una posición crítica ante los hechos, pero -y aquí está el asunto importante- que las actuaciones de unos, sean respetando la libertad de los otros.


Estudios hechos acerca del hombre precolombino - colombiano, dejan entrever como en nuestros genes existe un deseo cósmico de unidad, devuelto a nosotros a través del arte con formas y figuras simbólicas, fantásticas, gratuitas, es con ellas como se transmiten mensajes en el tiempo, en el cual nos legan su deseo de determinar, limitar, proteger, sacar del caos, con una inteligencia pura que nos da su dimensión en el mundo americano. Ya se ha dicho que los artistas en sus obras, inconscientemente plasman mensajes para que sean interpretados por los que tienen ojos para ver y oídos para escuchar.


Es precisamente ese deseo, el que nos debe llevar libremente a querer "sacar del caos” a nuestra sociedad, con la inteligencia suficiente para no maltratar, ni limitar la libertad de los demás.


La masonería a través de su historia, situado su origen por algunos en la remota antigüedad, ha declarado por siempre que es una institución esencialmente caritativa, filantrópica, filosófica y progresista, que tiene como meta la indagación de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la caridad; verdad, moral y caridad mal entendidas por los seres humanos en general, tergiversando su interpretación a voluntad. He aquí el verdadero sentido de la entidad, el ejemplo a seguir: Hombres libres y de buenas costumbres que a través de dichas premisas saben construir un mundo mejor.